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Hernán

El gran robo de las libras esterlinas

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Esta confesión así como todas las demas ha estado rondando mi cabeza desde hace mucho tiempo. Corría el año 2001 y tuve la oportunidad de ir a estudiar a la prestigiosa universidad de Essex en Inglaterra. Después de trabajar un par de años apliqué a esta universidad y a un par de más y me decidí por esta por el programa además de que estaba dentro de mis posibilidades econòmicas.

Como estudiante y teniendo ya la experiencia de que ganarse el dinero no es fácil y cuidarlo es algo de ajustarse el cinturón para tener en la mente lo que realmente se necesita y no necesariamente lo que se desea, la vida en la Isla de la Rosa era bastante cara.

En el Tesco, un supermercado tipo Walmart, compraba lo escencial para vivir como leche, cereal, carne molida, huevos y de vez en cuando una botella de vinito que en Europa se pueden encontrar de buena calidad y no tan caros.

Habitaba en la misma universidad, el piso estaba dividido en 4 cuartos con el àrea comùn de la cocina y un pequeño comedor. Muy lindos para mi punto de vista. El cuarto constaba de una cama, un escritorio y baño propio. Los 3 cuartos restantes los ocupaba Nozomi de Japòn que estaba estudiando economìa, Harry de Malawi quien estudiaba Derecho y un griego que la verdad no me acuerdo de su nombre.

El edificio tenìa como unos 7 pisos todos con las mismas caracterìsticas , 4 cuartos en cada piso. Como era de esperarse en la vida universitaria hay fiestas casi todos los fines de semana, pero afortunadamente nuestro edificio era muy traqnuilo. De vez en cuando en la noche se escuchaban los gritos de la pareja de coreanos que se estaban pelando en el cuarto de abajo , lo bueno hubiera sido que fueran gemidos de placer pero eran todo lo contrario.

En el cuarto de arriba el primer semestre lo ocupaba un chaval de Manchester , estaba estudiando la universidad, no era de maestrìa como casi todos los demás del edificio. Así que era un niño bien, porque generalmente a los universitarios solo se les permitía quedarse en otros conjunto más austero y era un edificio como de 30 pisos. Era un verdadero todos contra todos ahí, en cada piso había como 7-8 cuartos y solo había dos baños completos  para todos. Se quedan ahí porque para mantener el costo de un cuarto así es mucho mas fácil para los 4 años de la universidad al cuarto donde me quedaba que costaba mucho más.

Ahí por medio semestre el muy cabroncito, ya habiendo conocido a su grupo de amigos, quiso pasar la fiesta de los edificios a nuestros territorios , así que cada viernes y sábado había fiesta en su cuarto con el consiguiente ruido, botellas por todos lados en la siguiente mañana, borrachos tirados en las escaleras, guacareadas por ahí y orines por allá. Se hizo el reclamo correspondiente al jefe del edificio y aun así le valío un cacahuate.

Yo era el más afectado por la situación puesto que estaba exactamente debajo de su cuarto, los demás posiblemente solo sufrían el ruido y la basura en los pasillos pero podìan pasar noches mas o menos sin ruido. En mi cuarto se escuchaba todo lógicamente, el arrastrar las sillas, los brincos, vasos estrellados, gritos hasta la madrugada.

La verdad no sabía que hacer ente esta tan penosa situación hasta que un día llegando de la caminata mañanera en el campus ví que el cartero estaba haciendo una entrega en el buzón único dell edificio. Así que todos teníamos que buscar nuestro correo en ese único buzón. Como mi señora madre no sabía cómo enviarme un correo electrónico me escribía cartas, así que de vez en cuando buscaba sus mensajes en papel y tinta.  Ese día abrí el buzón y vi que un banco le había enviado al cojonudo de arriba una tarjeta y sentí que la solución llegaba a mis manos, pensé

“Que tal si le escondo la tarjeta y ya no va a poder sacar dinero para sus fiestas y me deja tranquilo”

Dicho y hecho, procedí a esconderle la tarjeta, era de débito y pues mejor . Así que seguí con mi vida, la tarjeta estaba en mi cajonera y después de una semana de nuevo regresando de la caminata abrí el buzón y encontré otra carta del banco para este wey y era nada mas ni nada menos que el pin de la tarjeta,

Ya tenía ambas partes, el círculo se cerraba ante mis ojos, ¿qué hacer ante esa situación?. Fácil sacarle todo lo que se pudiera!!!!. Al principio dude en hacerlo. No es correcto, era solo una broma universitaria, con eso paga su colegiatura… pero tambièn sus fiestas!!!. Si, las fiestas siguieron como si nada hubiera pasado, era lògico pensar que todavía tenía algo de plata en los bolsillos, pero no por mucho tiempo.

Después de una fiesta épica un sábado, me fui al pueblo vecino para evitar las cámaras del cajero de la universidad y decidí ver si funcionaba el plan. En algunas ocaciones se supone que hay que activar la tarjeta marcando a un numero telefónico del banco así que tenía duda sin este paso podría sacar algunas libras. BINGO, pude extraer algunos billetes con la Reina en ellos.

Así comencé a retirar de la cuenta varios cientos y repito cientos de libras esterlinas, fueron en total como 2 mil que en equivalente a pesos mexicanos de ese tiempo eran como 30 mil. El pago de un semestre de universidad mas o menos. Iba a diferentes cajeros, de los pueblos vecinos, un fin de semana estando en Londres también hice un retiro. Me compré con eso despensa, algo más fino de jamón de pavo, vinito un poco más finoles y también una linda licuadora que era la sensación del departamento porque todo mundo me la pedía prestada. Inclusive mexicanos en otros edificios me la pedían para hacer licuados o salsa.

El día que reportaran la tarjeta tenía que llegar y llegó. Ese día en el pueblo me acerqué al cajero como siempre, digité el pin y así automáticamente ya no me devolvío nunca más. Mi reacción me de retirarme rápidamente de ahí y no hice caso del mensaje que salío en la pantalla. Lo que tengo muy presente en mis pesadillas es una llamada de alguien que dijo “Hey!!!”, no sé si un empleado del mismo banco que salìo a ver quien demonios estaba usando un plástico reportado como robado o era alguien que estaba en otro asunto. La verdad no lo sabré pero de que caminé más rápido que nunca y sin rumbo fijo.

Poco después el plan caminó a la perfección, no solo se acabaron las fiestas, el único ruido en la noche era el de la licuadora porque el chaval se fue a vivir a los edificios de enfrente.